Parejas

Alan Turing, el científico que salvó miles de vidas, pero por ser gay fue condenado

La ley inglesa declaraba la homosexualidad como ilegal, y lo condenó a castración química, acabando con la vida de un genio
Carolina Mejia | 23 de Junio de 2018 | 07:00
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Foto: AP

Hasta 1967, en Inglaterra un hombre podía recibir cadena perpetua por el “delito” de tener una pareja del mismo sexo. Innumerables inocentes atravesaron por humillaciones, rechazo y soledad debido a esta medida, pero ningún caso ejemplifica mejor la injusticia de esta ley que la vida y muerte de Alan Turing.

Su historia quedó reflejada en The Imitation Game (El código Enima), la cinta de 2014 protagonizada por Bendict Cumberbatch. La película, que ganó un Oscar por su guión, mostró como la discriminación destrozó la vida de este genio y héroe de guerra.

Turing, nacido en 1912, pasó gran parte de su infancia separado de sus padres en prestigiosos internados, donde a pesar de la estricta disciplina, encontró la manera para estudiar temas mucho más avanzados que el resto de su clase. Aunque era retraído, comenzó una estrecha amistad con su compañero de escuela Christopher Morcom, de quien se enamoró rápidamente.

Alan quedó devastado cuando Christopher murió de tuberculosis y se obsesionó por entender cómo funciona el cerebro humano. Su inteligencia le ganó una beca en la Universidad de Cambridge, donde desarrolló la mayor parte de su trabajo enfocado a las matemáticas.

Alan no era una persona muy extrovertida. (Foto: Wikicommons)

En 1936, Turing publicó las bases para la computadora moderna. Se trataba de un concepto para la “máquina universal”, un mecanismo que podría decodificar y poner en marcha cualquier instrucción. Diez años después, Turing materializaría este concepto en la primera computadora electrónica.

Mientras la carrera brillante del matemático continuaba, el mundo cambiaba radicalmente. En 1939, Gran Bretaña le declaró la guerra a Alemania y sus aliados. Los alemanes tenían un arma secreta que los ponía en ventaja contra sus enemigos: Enigma.

Enigma era una máquina de codificación desarrollada por el ingeniero alemán Arthur Scherbius. El mecanismo era tan eficiente que para 1933 los alemanes lo usaban para codificar todas las comunicaciones de sus fuerzas armadas, convencidos de que nadie podría descifrar sus mensajes.

Así era el teclado de la máquina Enigma. (Foto: Pixabay)

Ni los franceses ni los ingleses habían logrado romper el código alemán, pero las fuerzas polacas habían logrado construir su propia máquina “Enigma” y antes de ser invadidos por el ejército Nazi, los polacos compartieron sus avances con Gran Bretaña.

El gobierno inglés reclutó a las mejores mentes del país para trabajar en decodificar las comunicaciones alemanas, pero no lograban avanzar lo suficientemente rápido para hacer un impacto en el campo de guerra. En septiembre de 1939, Alan Turing, quien había sido llamado para trabajar con otros matemáticos en Bletchley Park, el centro de decodificación secreta de Inglaterra, construyó “La Bomba”.

La Bomba” era una máquina capaz de descifrar los mensajes de Enigma en cantidades industriales, con una velocidad que los operadores humanos jamás hubieran podido alcanzar. Este evento se considera como una de las acciones que contribuyó a la caída de Hitler, ya que los Aliados podía prevenir y contrarrestar los ataques alemanes. Pero para Turing la mayor victoria había sido encontrar un lugar en el que sus talentos finalmente eran apreciados.

"La Bomba" era enorme comparada con las computadoras modernas. (Foto: Wikicommons)

En 1941, Turing le propuso matrimonio a Joan Clarke, una de las matemáticas que trabajaban en Bletchley Park. A pesar de que Joan sentía cariño por Alan, rompió el compromiso cuando Turing le confesó sus tendencias homosexuales.

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Luego del fin de la Segunda Guerra Mundial, Turing siguió su brillante trabajo en la Universidad de Manchester. Fue ahí donde hizo un gran avance en el campo de inteligencia artificial con el “Test Turing”. Esta prueba esta diseñada para descubrir si una computadora es inteligente. 

En esta prueba un investigador se aisla por completo y hace preguntas a una computadora y un humano. Cuando el investigador recibe las respuestas debe decidir cuales corresponden a la computadora y si no acierta, es porque la computadora es inteligente. Hoy, esta prueba es aún el centro del debate filosófico sobre la inteligencia artificial.

Turing nunca escondió su orientación sexual, pero en 1952 cometió un error fatal. Alan conoció a un hombre llamado Arnold Murray, a quien invitó a su casa. Murray visitó a Alan varias veces en su casa y se ganó su confianza hasta que junto con un cómplice llevó a cabo un robo en la casa del matemático. Turing cometió la equivocación de denunciar el crimen a la policía y admitió tener una relación sexual con Murray.

En Bletchley Park trabajaban tanto hombres como mujeres para derrotar a los alemanes (Foto: Wikicommons)

El matemático fue llevado a juicio por “indecencia”. A Turing se le dio la opción de ir a prisión o someterse a inyecciones de estrógeno. En aquella época se creía que este brutal tratamiento podía “curar” la homosexualidad.  

Además de las consecuencias físicas de estas inyecciones, equivalente a una castración química, Turing tuvo que lidiar con una pena aún mayor. La condena significó su expulsión del servicio secreto inglés con lo que sus habilidades de decodificación fueron despreciadas. 

En 1953, la condena de Turing terminó. En los meses finales de su cruel tratamiento los doctores le pusieron al matemático un implante hormonal y el académico logró retirárselo, pero el daño ya estaba hecho.

Perseguido por el rechazo de la comunidad académica y las devastadoras consecuencias físicas de las inyecciones hormonales, Turing preparó una manzana cubierta en cianuro y con un bocado, se suicidó en 1954.

Algunas teorías de conspiración dicen que Alan fue asesinado por el gobierno inglés o que ingirió el cianuro por accidente.

El servicio secreto mantuvo en la confidencialidad el trabajo de Turing durante 50 años. No fue hasta después de su muerte cuando su vida se vio bajo otra luz. En 2009, el primer ministro Gordon Broen se disculpó por la forma en la que el gobierno inglés había tratado a Turing. En 2013, la reina Elizabeth II le otorgó al genio un indulto oficial.

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La mejor forma de recordar a este genio héroe es con una de sus frases más conocidas, que irónicamente aplica perfectamente en cuanto a la equidad de derechos para las personas de todas las orientaciones sexuales: “Sólo podemos ver una corta distancia adelante, pero podemos ver mucho que necesita hacerse”.

Con información de ABC, El Mundo, BBC (2), Live Science y The Daily Beast

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