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¿De dónde viene la frase “como perro de Pávlov”?

Hoy en día, los experimentos del científico Iván Pávlov serían catalogados como crueles, pero su aporte fue invaluable para la ciencia del comportamiento
Maricela Flores | 5 de Septiembre de 2018 | 14:30
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Fotos: Wikimedia Commons

Seguramente alguna vez te has topado con esta frase, sobre todo si estás enamorado o, literal, alguien te trae babeando…

Pero en realidad, esto no tiene nada que ver con el amor o el enamoramiento, pues se trata de un experimento de reflejo condicionado realizado por el ruso Iván Pávlov, premio Nobel de Medicina en 1904.

El gran logro de este médico especializado en fisiología, fue la demostración de la existencia y el funcionamiento de los reflejos condicionados. Sus experimentos llegaron a catalogarse como crueles, pero su aporte fue invaluable para la ciencia del comportamiento.

Iván Pávlov. (Foto: Wikimedia Commons)

Pero empecemos por lo básico… ¿qué es el reflejo condicionado?

A grandes rasgos, se trata de esos reflejos relacionados con actividades normales, pero que se activan mediante estímulos externos que no necesariamente se asocian con dicha acción.

Su activación se relaciona con la modificación de las reacciones del sistema nervioso, creando nuevas conexiones entre causa y efecto.

Tal vez te quedaste con cara de ¡WHAT!, pero con el experimento de los perros de Pávlov queda más claro...

Hay que destacar que este es uno de los más conocidos en la ciencia del comportamiento y que Pávlov quería demostrar que se puede condicionar una respuesta entrenando a un ser vivo para que reaccione de forma automática ante un estímulo repetitivo.

Los perritos del experimento de Pávlov. (Foto: Wikimedia Commons)

Pávlov hacía sonar una campana antes de alimentar a sus perros, por lo que los condicionó a relacionar dicho sonido con la acción de comer. Posteriormente, el médico se dio cuenta que al oír la campana, los perros secretaban saliva y jugos gástricos.

Es aquí donde llegó la crueldad al experimento, pues abrió dos pequeños orificios en la zona abdominal y en las mejillas de los canes para hacer una observación y recolección inmediata de la muestra.

Con ésto, pudo demostrar que el sólo sonido de la campana activaba el sistema digestivo de los perros, sin necesidad de presentar el alimento. Únicamente bastaba con ese estímulo auditivo con el que fueron entrenados los perros.

En la etapa final del experimento, cortó las conexiones entre el sistema nervioso y gástrico. Entonces, cuando hizo sonar la campana, los perros no secretaron jugos estomacales, lo que demostró que dicha acción estaba ligada a lo psicológico controlando lo biológico.

Esto demuestra que los seres vivos (sí, también incluye a los humanos) pueden ser entrenados para cambiar su accionar mediante la relación estímulo-comportamiento. Hoy, este avance en la ciencia del comportamiento ayuda en el tratamiento de enfermedades del sistema nervioso, como fobias o psicosis.

Uno de los perros de Pávlov, en el Museo Pávlov en Riazán, Rusia. (Foto: TripAdvisor)

Con información de Psicología y Mente, Vix y ABC

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